ENTREVISTA EXCLUSIVA A LEONARDO MAINOLDI: Clásico y familiero

A los 32 años el santafesino atraviesa uno de sus mejores momentos. Baluarte en defensa y explosivo en ataque, el pivot analiza la actualidad de San Martín de cara a los playoffs, recuerda pasajes puntuales de su carrera en España, el regreso a Argentina y opina sobre el recambio en la Selección. Palabras de un talentoso que destaca el valor de sus seres queridos.

Lleva el cabello corto, bien prolijo, habla en un tono moderado y conserva cierto rasgo santafesino, ese que lo hace sonar amigable, ese mismo que aún mantiene y no perdió en todos estos años de carrera y diversos traspasos. Piensa, reflexiona y contesta, todo lo hace con tranquilidad, con clase. Leonardo Andrés Mainoldi es un jugador correcto, un jugador serio. En la era de las zapatillas de colores, él luce unas negras lisas sin destellos fluorescentes ni nada que se le parezca. En esta época de cultura de la imagen, dónde muchos deportistas se hacen tatuajes hasta en las uñas, él no tiene ninguno. Tampoco es de los que están todo el día pegado al celular y las redes sociales: “Dejé de usar Twitter para desconectarme un poco. No tengo Instagram, solamente cuenta en Facebook. Soy más como los de antes, más prehistórico”. Como los de antes, chapado a la antigua, “Coco” es un jugador clásico.

En este mano a mano hablaremos de todo y repasaremos diversos aspectos de su carrera. Como toda historia esta tiene una génesis, un inicio. En este caso puntual todo comenzó en un pueblo de Santa Fe, es ideal empezar por ahí:

En tu infancia en Cañada de Gómez ¿Cómo comenzó tu vínculo con el básquet?

Me empezó a interesar desde que tenía 6 años, veía que mi hermano lo practicaba y también lo comenzaron a jugar mis amigos del colegio, creamos un buen grupo, eso me ayudó a seguir. Al estar con ellos pudimos a hacer mucha vida de club. Íbamos por la tarde después de comer y nos quedábamos hasta la noche, siempre estábamos en el club, no tanto en la calle. Hoy por hoy creo que es una de las cosas que se ha perdido, muchas cosas cambiaron lamentablemente.

Te iniciaste en clubes de Santa Fe como Sport Club Cañandense, Deportivo Sarmiento y Carcaraña hasta llegó tu pase a Valencia a los 17 años ¿Cómo fue ese cambio tan rotundo de partir a Europa a la edad de un adolescente?

El salto de irme a España fue una oportunidad que se dio a través de la Selección. El director general del Pamesa Valencia fue quien me contactó cuando estaba entrenando en Buenos Aires. Le gustó como jugaba, como entendía el juego según su criterio y me dio la oportunidad de poder ir a probar suerte. Fue una experiencia increíble. Hoy por hoy puedo decir que fue una decisión muy acertada la que tomé.

¿Fue difícil el cambio?

Fue difícil para mí y algo fuerte para mis padres. Mi hermano mayor ya se había ido y ahora también tenían que ver cómo se les iba el más chico. No fue una decisión fácil para ellos y les agradezco que me hayan dado esa oportunidad, que me hayan apoyado y dado a elegir lo que yo quería en ese momento. Tenía ganas de ir a probar y lo que vi realmente me gustó.

¿Cómo fueron los primeros meses?

Me costó al principio, mi padre me acompañó la primera semana de la primera semana, pero cuando se fue yo me quería volver, no quería saber nada, no estaba bien. Pero luego con los entrenamientos, de a poco me fui adaptando. Siempre fui consciente de lo que quería. A lo mejor las oportunidades solo pasan una sola vez, nunca se sabe si se iba a volver a repetir así que uno toma fuerzas. Gracias a Dios no me pegué la vuelta, aguante esos malos momentos, que tampoco fueron tantos, y pude quedarme mucho tiempo. Soy un agradecido de lo que viví.

¿Qué balance haces de tu paso por España?

Creo que fue muy bueno. Me costó mucho trabajo, mucho sacrificio llegar a la ACB que era el sueño que tenía cuando me fui. Llegué siendo un juvenil y jugué todas las categorías formativas en España: Con el Pamesa ascendimos y salimos campeones al ganar la Copa ULEB, después estuve 6 años en la Liga ACB y la última temporada pude jugar la Euroliga. Soy un agradecido al básquet, a todo, de poder disfrutar de la Liga que es la mejor que hay después de la NBA. Si no me equivoco jugué más de 200 partidos. Cuando lo veo en retrospectiva me pongo pensar que no es poca cosa. Estuve en muchos equipos como Burgos, Plus Puyol, Fuenlabrada y Baskonia. Tuve temporadas mejores que otras, pero rescato los momentos de alegría como cuando jugué la Copa del Rey y participe en Playoffs de la Liga ACB. Fue muy completo, estuve a gusto en todos los años que pasé en España.

Y desarrollaste un hobbie en España, coleccionar cartas de la ACB..

¡Todavía las tengo! Las guardo para tener recuerdo de todas las temporadas en las que estuve, daban las estadísticas de los jugadores y la historia del equipo. Estaba muy bien esa colección, es algo que voy a recordar siempre por todo lo que me costó llegar porque nadie me regaló nada. Pude disfrutar al lado de muchos jugadores que va a ser históricos. Tengo las mías y las guardo, no era de las figuritas difíciles, salía en casi todos los paquetes (risas).

En paralelo integraste equipos de las diversas categorías juveniles y mayores de la Selección, fuiste participe de la clasificación del equipo a Río y de los Juegos Olímpicos el año pasado ¿Qué análisis haces del recambio generacional que se produce en este momento?

Al hablar de lo que de a poco se va y está terminando, dando paso a los nuevos chicos, puedo decir que es algo único. Uno tiene esa imagen de subcampeón del mundo en 2002, también lo que significó el oro olímpico en Atenas. La verdad es que hablamos de fueras de serie como Manu, Chapu, el propio Scola, Oberto, “Pepe” Sánchez y muchos más. Fue grandioso que concedieran todos en un mismo momento. Hay que ser realista y entender que se va algo increíble, por todo lo que han jugado lograron que muchos equipos los tengan como espejo. Hicieron que el básquet argentino sea conocido a nivel mundial.

Los viste de cerca en muchos momentos ¿Llegaste a descubrir cuál es la clave para entender la receta de ese éxito sin precedentes?

Creo que la clave es que todos son determinantes cada uno en su equipo y cuando llegan a la Selección evitan el egoísmo. Todo el protagonismo que tienen individualmente lo dejaban a un lado y ponen por encima al equipo. No es fácil hacer eso, el renegar un poco el lucirse individualmente por un bien común y grupal. Tanto fuera como dentro de la cancha tienen ese trato, me tocó verlo y es genuino lo que crearon. Esas son las clases de valores que deberían inculcarles a las nuevas generaciones que los reemplacen en un momento dado.

¿Cómo ves a los jóvenes que asoma como parte del recambio?

Hay muchos jugadores con experiencia como Facu Campazzo que ya tiene gran rodaje con la camiseta. También están Lapro, “Patito” Garino, Gaby Deck y Nico Brussino, creo que hay muy buen material. Es cuestión de dejarlos trabajar y no meterles presión para que sientan la obligación de ser “el próximo Ginóbili”. Hay que dejar que escriban su propia historia entendiendo que cada uno tiene su forma de ser. Es necesario de que el entrenador arme un buen grupo y lo sepa consolidar como un verdadero equipo.

Ya hablando del básquet nacional ¿Cómo viviste la vuelta a Argentina?

El regreso a la Liga Nacional fue increíble, estuve 4 meses y pudimos conseguir la Liga con QUIMSA. Fue una alegría enorme, fue muy duro. Cuando me tocó estar desde el inicio de temporada con Gimnasia caigo en lo difícil que es. En ese momento me incorporé en la última parte, aporte desde ese lugar y siempre destaco a la mayoría que estuvo desde el comienzo de la temporada. Ahí es donde ves lo duro que es conseguir el título.   

¿Consideras que esa experiencia se puede transmitir a un grupo y tiene un plus en instancias de playoff?

Creo que todo suma. La experiencia sirve mucho, el haber sido campeón y también contar en el plantel con jugadores que tienen mucha experiencia en partidos importantes y que han estado en Selecciones, eso también tiene peso. En momentos así puede hacer la diferencia, pero se verá más adelante.  

¿Qué análisis haces de la fase regular con San Martín?

Hicimos una gran primera fase, pero hoy por hoy eso no te asegura nada. Tenemos la posibilidad de definir en casa que no es poca cosa. Este año intentaremos hacer lo mejor con San Martín. Ahora empieza lo más lindo y tenemos que estar listos. Hay que ir partido a partido y revalidar lo bueno que hicimos en la primera parte.

Con respecto a tu llegada a San Martin ¿Qué fue lo que te hizo aceptar el desafío, lo que te convenció para firmar y venir a Corrientes?

Hablé con los dirigentes a través de mi representante y puse en la balanza que es un club que ha crecido mucho en los últimos años, que fue evolucionando y creció también en infraestructura. Se nota que es un club que quiere seguir para adelante, no quedarse sino seguir creciendo como institución. Tenían la idea de armar un equipo competitivo, que aspire a grandes cosas, hoy por hoy estamos en ese camino. Hay que tratar de redondear lo que se habló a principio de temporada y nos enfocaremos en conseguirlo.

Cuando haces un triple en un momento clave tenes la costumbre de festejar con un gesto distintivo ¿Significa algo en particular?

Ahora lo deje de hacer un poco, en España lo hacía seguido. A veces lo hago un poco más escondido, un poco más tranquilo. Me gusto una vez cuando vi que un jugador de la NBA lo hizo, hay jugadores que lo siguen haciendo. Me quedo de ahí, no es sobrando al rival ni mucho menos. Son cosas de cada uno y queda ahí en la cancha. Esperemos hacerlo bastante y que siga (risas). 

 

Así es Leo, serio y enfocado dentro de la cancha, pero a su vez se da ciertos momentos para distenderse fuera de la misma para relajar de la vorágine que impone el deporte profesional. En su vida cotidiana se define y muestra como un tipo apegado a sus seres queridos. En esa cercanía se explica en el hecho de que su hermano Carlos es su representante “Él es mi agente, pero tenemos otro tipo de afinidad. Hablamos y comentamos desde el momento de los equipos que han llamado. La relación es perfecta”. Ese vínculo también se ve con claridad cuando suena la chicharra final de cada partido de local en el “Fortín Rojinegro” y sus hijos de Pía (7) y Renato (4) ingresan al piso de parquet para robarse sin rodeos toda la atención del jugador de 2,05 metros.

En la cancha se te ve concentrado, como metido solamente en lo tuyo, pero cuando termina cada partido se genera un momento de distensión en los minutos que entran tus hijos y juegan con vos ¿Qué significan ellos en tu vida?

Son todo, con las palabras me quedo corto. Son mi cable a tierra, cuando estoy con ellos desconecto de cualquier problema. Cuando no tengo un buen partido, vuelvo a casa y veo a los chicos se arma un paréntesis ahí y me olvido de todo, lo demás no importa nada. Ellos son lo mejor que tengo en la vida junto a mi señora. Son lo mejor que me paso y no los cambiaría por nada en el mundo. Estoy agradecido a la vida de los dos hijos hermosos que me dio.  

¿Notas el paso del tiempo cuando los ves crecer?

La verdad que sí, cuando te diste cuenta ya dejan de ser bebes y empiezan a ser chicos y pasa el tiempo. Muchas veces uno no se da cuenta de lo rápido que pasa todo, pero cuando los veo creciendo tomo conciencia. Cuando pienso en que me fui a los 17 y veo lo mucho que están creciendo veo que algún momento voy a sufrir un poco, pero hay que disfrutar la vida y los hijos sobre todo que son algo increíble.

 

Así de simple y claro declara, así de simple y bien juega al básquet. Así de clásico y familiero es “Coco” Mainoldi.

 

 

Texto: Ivan Andres Chavez

Fotos: Prensa San Martin / Ivan Andres Chavez

 

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